Lo menos seis meses con todo el mundo preocupado. De mi naricilla tan molona no dejaban de manar mocos y no unos mocos cualquiera, qué va. Mocos espesos como puré, grumosos y malolientes.
Mis papás estaban preocupados, nadie sabía el porqué de semejantes emanaciones. Mucolítico por aquí, lavado nasal por allá pero nada de nada. Los días iban pasando y yo con los mocos colgando. ¡Y cómo apestaban los condenados!.
La doctora, un buen día decidió que me hiciesen una foto del cerebro, porque según dijo igual tenía la nariz estropeada.
Me lo pasé muy bien cuando me hicieron la fotos, como no me estuve quieto en todo el rato tuvieron que repetirlas varias veces. Nada, que no se veía nada… en fin, dijo la deoctora, habrá que enviarlo al topotrinologo que es el doctor de las narices y las orejas.
Ese doctor me hizo mocar muchas veces y me metió una linterna chiquitííísima por la nariz y al final….. ¡Bingo!. Metió unas pinzas en mi linda naricita y sacó un trozo de espuma que me metí hace tiempo y se me había olvidado por completo… sí, sí, espuma de esa que hay dentro de los cojines… que me hace mucha gracia y me pareció buena idea meterme un buen cacho en la nariz… que nunca se sabe cuándo se puede quedar uno sin recursos y en la nariz la cosa queda guardadita pero muy a mano. Muy a dedo, mejor dicho.
El caso es que mis apestosos mocos dejarón de salir… eso sí mamá y papá aún ahora está dándome la charla por el tema. ¡No veas cómo se enfadaron por una tontería!
¿Creèis que me cabrán todos mis ”Plastidecores” dentro de la oreja?… Tendré que probar…





